Simple y al grano.
Simple y al grano.

Aquí entre nos

Alicia Agnese charla con María Teresa Raquel Bertotto
(Entrevista publicada originalmente en Intercambios de marzo 2003.)

¿Cuándo abriste la ventana y decretaste que eras traductora?

Te cuento que cuando hice mi primera traducción yo era muy jovencita. Fue allá por los años 55 ó 56, mucho antes de emprender mi primer viaje a este país, cuando un amigo de mi padre, médico igual que él, me pidió tradujera Raising Angora Rabbits. No sé cuánto tiempo duró su pasión ni por qué la abandonó, espero no haya sido por mi traducción. Tampoco sé si en ese momento me decreté traductora, pero le empecé a tomar el gustito.

¿Qué año marcó un hito en tu vida traductoril? ¿Por qué?

No recuerdo bien el año, creo que fue 1990. Una traductora e intérprete, Lucrecia Argumedo, amiga de mi hermano y con quien me reencuentro en Estados Unidos, “insiste y re-que-te-in-sis-te” que me dedique a la traducción hasta que me conecta con la dueña de la agencia con la que ella estaba trabajando en un proyecto enorme. Se trataba de la corrección de la traducción de muchos manuales que había sido hecha a máquina, es decir una traducción automática. Cuando empezamos éramos unos trece o catorce traductores y correctores. Quedamos sólo cuatro al final: la dueña de la agencia, Lucrecia, vos y yo. Claro que entonces te conocía nada más que de nombre. Al año siguiente renace la asociación de traductores de esta ciudad y entre otros, conozco a una mexicana que me engancha para que edite la revista de la asociación y me instiga y acosa para que me haga socia de la ATA y vaya al congreso de Filadelfia, evento que indudablemente es un gran hito en mi vida profesionall.

Después…1993: mi primer congreso de la ATA; el lugar donde te conocí, también a Leticia [Molinero]. Fue el año en que ustedes pasaron a ser famosas. El año en que inauguraron algo jamás visto en un congreso de la ATA: una presentación de ocho horas dedicadas a un solo idioma, el archirreconocido y tan ponderado Foro de Español (The Spanish Forum). Una especie de “recordemos lo aprendido” y pongámoslo en práctica. Fantástico. La cantidad de participantes y su entusiasmo fue algo fabuloso, y se puso en evidencia la necesidad que tenían los asociados de algo de este tipo.

1993, Filadelfia, Congreso de la ATA. Volvés a tu casa, ¿y? ¿qué pasa? ¿cómo cambia tu vida?

Totalmente. Muchísimo. Creo que no llevé más de 30 currículos al Job Exchange de Filadelfia y tuve la buena suerte de conseguir mi primer cliente directo. Una empresa de productos médicos que escupía enormes manuales a razón de uno cada dos o tres meses. Una verdadera mina de oro. Eso por un lado y por el otro, Peter Krawutscheke como presidente electo de la asociación pide la cooperación de las asociaciones locales para ayudar a organizar el congreso de Austin del 94.

Imagínate, yo recién llegada y ya metiendo cuchara. No tengo que contártelo, porque lo viviste, pero ese Congreso fue dedicación completa, noche y día, cuando lo comparas con Filadelfia. Se impusieron muchísimos cambios: quizás el más importante fue que los nuevos socios y los “veteranos” asistieran a la misma reunión social de bienvenida; se le dio al Job Exchange la importancia que merecía: se lo sacó del último cuartucho donde siempre estaba relegado y se lo trajo al frente; se inauguraron las Networking Sessions (ABC, por Albin, Bonnet y Coggins, las “ideólogas”); por primera vez se distribuyó un boletín diario, una  tarea encomiable de Cristina Helmerichs y se estrenaron los “redondeles de colores” para pegar junto al nombre de los asistentes al congreso y reconocer el o los idiomas que traduce. Además, empiezo a participar de lleno en la organización del Foro de Español que vos y Leticia habían creado el año anterior.

Pasaste por un largo proceso evolutivo en tu carrera, ¿cuáles han sido tus más grandes satisfacciones?

Tiene que ser, sin lugar a dudas, la organización del Foro de Español. Una gran satisfacción ver cómo lo recibió el público que trabaja con el español. No digo que haya sido todo perfecto. Tuvimos ponentes y ponencias que fueron verdaderas joyas lingüísticas, pero también invitamos a más de uno que resultó ser un plomo, pero… a golpes se hace el hombre… y aprendimos, o no. Aún así seguimos adelante hasta que se nos acabó la cuerda. En los primeros años, contamos con la entera confianza de la conducción de la Asociación y eso fue una tremenda satisfacción. Teníamos mucha independencia y flexibilidad, lo que es sumamente necesario, por varios motivos, para organizar algo de esta naturaleza con traductores e intérpretes de español. Esa confianza era tal que solicitábamos un día entero para el Foro y ni nos preguntaban quién iba a hablar o de qué. Se sabía que iba a ser algo de calidad y popular entre los asistentes al Congreso. Pero en los últimos años, las cosas cambiaron, y nosotras también. Había llegado la hora para un cambio de cartelera.

¿Cuáles fueron tus más grandes influencias?

Juan Carlos, mi hermano, por enseñarme a contar hasta 10 antes de emitir una opinión.

Lucrecia Argumedo por su empuje y persuasión para que empezara a traducir.

En este mundo tan globalizado, ¿cuál es la misión de un traductor de español en tu opinión?

Escribir en un español neutro que todos comprendan, lo cual no es fácil.

¿Cómo definirías al traductor ideal?

El traductor ideal es aquel que tiene un amplio vocabulario en ambos idiomas, lee mucho, sabe escribir bien en el idioma meta y nunca se olvida de usar sentido común para las decisiones que toma. Por ejemplo, si recurre a Google para las búsquedas de terminología, no debe olvidarse de que muchas veces nos puede ayudar pero muchas otras nos brinda resultados que son incorrectos y sería mejor ni encontrarlos.

¿Cómo lidiaste con las envidias dirigidas a vos en tu trabajo?

Si las hubo, las pasé por alto. Ignorito, m’hija.

Hay dos cosas que no admito ni aguanto ni tolero: envidia y celos.

¿Cuál es tu mensaje para los traductores novatos?

¡Dedíquense a otra cosa, chicos! No, bueno, hablemos en serio. Lean, lean, lean y nunca dejen de aprender.

Tomando en cuenta aquella definición de Andy Warhol sobre los 15 minutos de fama a los que todos deberíamos tener derecho, contame, ¿ya los disfrutaste o todavía los estás esperando?

Creo que ya los disfruté. Igual que María Callas, una gran ronda de aplausos.

¿Dónde fue?

En el I Congreso Latinoamericano de Traducción e Interpretación realizado en Buenos Aires, Argentina, en 1996. Como gran desconocida que era en el ambiente traductoril argentino, me asignaron un aula pequeñísima para mi ponencia sobre expresiones idiomáticas. El interés del público fue tal que el salón se desbordó. Hubo tantas, pero tantas quejas y reclamos, que tuve que repetir la ponencia en el auditorio para cientos de personas. La ovación y el recibimiento fueron espléndidos. Más de 15 minutos de fama, en realidad, porque ello se volvió a dar en el II Congreso Latinoamericano unos años después. Mismo evento, mismo lugar, mismo público, otros 15 minutos.

¿Qué es lo importante para vos en este momento de tu vida?

No tener que hacerme mala sangre por nada.

¿Cómo te autodefinirías en pocas palabras?

Simple y al grano. Sin vueltas, al pan, pan y al vino, vino.

Para finalizar quiero hacer este pequeño cuestionario que realizaba Bernard Pivot a sus entrevistados en “Bouillon a culture”, fenecido programa cultural de la televisión francesa y el mismo que también utiliza James Lipton en Inside the Actors Studio en Bravo. En ambos programas, han respondido al cuestionario grandes personalidades y actores de fama mundial. Ahora le toca el turno a una traductora profesional. Te pido que me respondas en los dos idiomas, elegí el que quieras.

¿Cuál es tu palabra favorita?

Yastá. Done.

¿Cuál es tu palabra menos favorita?

Procrastination.

¿Qué te disgusta?

La gente entrometida.

¿Qué sonido o ruido amas?

Alt +

¿Qué sonido o ruido detestas?

Beep

¿Cuál es tu maldición favorita?

¡Puta, carajo, mierda!

¿Qué profesión aparte de la tuya te gustaría realizar?

Escultora.

¿Qué profesión aparte de la tuya no te gustaría realizar?

Abogada.

Si llegaras al cielo ¿qué es lo que te gustaría que Dios te dijera?

Entrá, te estábamos esperando.

Además de agradecerte por tu paciencia y sinceridad, tengo una última pregunta:

¿Por qué te dicen Pimpi?

Ojalá lo supiera. Que te pregunten a vos, flaca. Una vez me sugeriste que dijera: me llamo Pimpi y no sé por qué…

Alicia AgneseAlicia Agnese se especializa en traducción jurídica, comercial y financiera, además de dedicarse a la enseñanza de la traducción del inglés al castellano. Vive y trabaja en el área metropolitana de Washington, D.C. Comments: alicia@aagnese.com

 

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