En la Argentina, el sistema educativo —tanto público como privado— ofrece diversas opciones de capacitación formal para ser traductor de varios idiomas. El inglés, el francés, el alemán, el portugués y el italiano suelen ser los más frecuentes. Hay carreras universitarias y terciarias (esta última se refiere a la educación postsecundaria, no universitaria). Las carreras universitarias suelen requerir cuatro años de cursado, en tanto que las terciarias por lo general conllevan tres años. En ambos casos, el nivel de desempeño académico[1] exigido para la admisión es elevado en comparación con lo requerido para otras carreras de estudios superiores. En términos comunes, las carreras de traductorado se dividen en dos ramas: el traductorado público (con orientación jurídica) y el traductorado técnico-científico y literario (de enfoque generalista). Vale destacar que el traductorado técnico-científico y literario en inglés ya es una carrera tradicional en la Argentina. Por ejemplo, en el Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” (https://ieslvf-caba.infd.edu.ar, Ciudad de Buenos Aires), esa carrera se estableció en 1971, mientras que en el Instituto de Educación Superior “Olga Cossettini” (http://iesoc.edu.ar, Ciudad de Rosario) se estableció en 1972.

Hace algún tiempo, como parte de un trabajo de investigación de su carrera, una estudiante del traductorado técnico-científico y literario en inglés del Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas mencionado en primer término me interrogó sobre aspectos específicos de mi trabajo. Accedí a responder las preguntas y admito que la experiencia me motivó a reflexionar sobre mi práctica y mi recorrido. Si bien mi capacitación formal como traductor de inglés tuvo lugar en la Argentina, mis respuestas se fundamentaron en mi experiencia en el mercado internacional, donde suelo colaborar con colegas cuya formación profesional se caracteriza por una notoria diversidad. A continuación, comparto las preguntas y respuestas con la esperanza de que resulte de utilidad para otros colegas y estudiantes.

  1. ¿Qué es la traducción técnico‑científica? ¿Qué campos considera que abarca?

Considero que la traducción técnico‑científica es un tipo de trabajo especializado que implica traducir documentos producidos por escritores técnicos (especificaciones, guías para el usuario, manuales del propietario, catálogos, instrucciones, etc.), como también la traducción de textos relacionados con áreas de interés tecnológico y aplicación práctica o de información científica o técnica. En general es un trabajo que requiere, entre otras cosas, un conocimiento razonable del tema central, la terminología y las convenciones de redacción pertinentes.

  1. ¿Qué diferencias —si las hay— existen entre la traducción técnica y la científica?

Comprendo que, en términos usuales, la traducción técnica se relaciona con el conocimiento científico puesto en práctica, mientras que la traducción científica se relaciona con la ciencia pura (en resumen, “lo teórico”). A veces hay una marcada diferencia entre lo teórico y lo práctico; a veces hay una inseparable convivencia entre lo uno y lo otro. Por ejemplo, una ponencia de investigación sobre cierta enfermedad que ha de presentarse en un simposio internacional de médicos especialistas abarcaría simultáneamente el aspecto descriptivo e investigativo de la ciencia pura y el conocimiento práctico aplicado al tratamiento de una enfermedad (como el ensayo clínico de cierto medicamento experimental).

  1. ¿Cuál es el perfil de un traductor técnico?

Responderé con una analogía mediante el uso deliberado de mayúsculas y minúsculas. Admito que no es idea mía. Hace años escuché a un colega que lo explicó en un evento de la ATA (lamentablemente no recuerdo el nombre del colega ni el evento específico, pero la reflexión coincide con mi criterio personal). En concreto, en el mercado internacional, suele haber…

traductores TÉCNICOS: Aquellos que no se han capacitado formalmente en el arte de escribir (redacción, gramática, ortografía, estilística, etc.) pero que, por experiencia personal (profesional, laboral o en la formación académica tecnológica) han ingresado al mercado internacional de la traducción. Es decir que manejan bien el contenido pero suelen necesitar de la revisión de un corrector[2] para mejorar la calidad de su producto.

TRADUCTORES técnicos: (Este es mi caso, como probablemente también sea el de muchos colegas de similar formación profesional). Los TRADUCTORES técnicos son todo lo contrario a la categoría anterior, dado que se han capacitado formalmente en el ejercicio de la traducción, pero inicialmente no conocen el contenido en una medida comparable a los profesionales de campos técnico-científicos. Estos son traductores que mejoran su terminología y su conocimiento tecnológico mediante la experiencia propia (es decir, la investigación y la participación en proyectos técnico-científicos).

traductores técnicos: Reitero que me estoy refiriendo al contexto internacional y espero que no se malinterprete esta idea. En el sector de la traducción hay personas cuya formación profesional es insuficiente y —por alguna u otra razón— trabajan como traductores técnicos. Por otra parte, en el mismo ámbito, hay quienes inicialmente cumplieron una capacitación formal, pero que no se desarrollan constantemente y producen un trabajo de calidad objetable. Sea como fuere, hay traductores técnicos (en minúsculas) activos en el mercado. Si bien, con el tiempo y la experiencia, algunos llegan a mejorar la calidad de su trabajo, hay otros que no lo logran y su participación en el equipo de un proyecto puede llegar a ser un dolor de cabeza.

TRADUCTORES TÉCNICOS: Son una selecta minoría muy diferente a la categoría inmediatamente anterior. Se destacan en el arte de escribir y también en el conocimiento de campos técnico-científicos.

  1. ¿De qué manera se aborda una traducción técnico‑científica?

Antes de aceptar el proyecto, en mi caso personal, evalúo la temática, la terminología, el volumen de trabajo, el plazo de entrega, si me toca trabajar en equipo con alguien, etc. Si conozco la temática y creo que puedo cumplir satisfactoriamente con la calidad y el plazo requeridos, acepto el proyecto y le doy una lectura global y superficial para detectar posibles dificultades de terminología, errores en el original, complicaciones en gráficos, etc. En caso de observar tales errores o complicaciones, lo comunico de inmediato al coordinador del proyecto. Luego, comienzo a traducir y recopilar la terminología. Durante el proceso, a fin de prevenir todo apuro de último momento, procuro mantener una comunicación fluida con el coordinador del proyecto y, si corresponde, con el revisor.

  1. ¿Cuánto tiempo hace que es traductor técnico?

Comencé a traducir profesionalmente en 1983. Al principio, traducía en mis ratos libres, según las oportunidades que surgían, porque tenía un empleo a tiempo completo para cubrir los gastos básicos. Empecé a trabajar en traducciones técnicas alrededor de 1993. Fue un proceso gradual. Hoy día, en el campo técnico-científico, trabajo tanto en la revisión como en la traducción. No elegí que fuera así, sino que las oportunidades de trabajo se fueron dando de esa manera.

  1. ¿Son importantes los glosarios? ¿Cuál es su metodología para preparar un glosario?

Sí, siguen siendo importantes, aunque la manera en que se recopilan ya difiere bastante de cuando las memorias de traducción no eran un componente cotidiano de nuestro trabajo. Hay situaciones en que necesito preparar un glosario antes de comenzar a traducir. Digamos que, por nombrar solo un par de ellas:

(1) así lo requiere el cliente final, porque tiene un referente interno, quien desea que aplique su terminología habitual y quiere evaluar antes mi vocabulario específico, o bien…

(2) porque el cliente final desea que se tome como referencia el vocabulario de documentos ya traducidos por su organización, para lo cual me facilita copias de dichos documentos (en ambos idiomas). Cualquiera sea el caso, recopilo primero los términos “clave” (los más reiterados y los más difíciles de traducir) en un archivo electrónico a dos columnas, con el texto fuente a la izquierda y la traducción a la derecha; frecuentemente —para facilitar la consulta— incluyo en el glosario alguna referencia al contexto original. A menudo, el glosario se confecciona con una herramienta de gestión terminológica que funciona en conjunto con un programa de traducción asistido por computadora. (La mencionada herramienta de gestión suele buscar y ofrecer automáticamente la traducción de términos del original a medida que se procesa el texto.)

  1. ¿Qué otras herramientas de traducción utiliza y considera necesarias para su profesión?

Programas de traducción asistidos por computadora, una excelente conexión a Internet, foros de consulta en línea, diccionarios especializados, interacción con colegas y contactos que tienen algún conocimiento técnico específico, tiempo para trabajar (sin sacrificar mis horas de sueño), una sana actitud de autocrítica y la premisa de que nadie es perfecto, entre otras cosas.

  1. ¿Cómo accedió a sus primeros clientes?

En general, accedí a mis primeros clientes por referencias personales. Cuando decidí dedicarme a la profesión a tiempo completo, conseguí una lista de varios cientos de empresas de traducción y a cada una le envié una carta personalizada con mi currículum vitae adjunto para ofrecer mis servicios. Me respondió menos del 20 % del total y, entre esos, surgió un puñadito de clientes. Todavía trabajo para uno de aquellos clientes originales (tras más de dos décadas de relación). También fueron surgiendo contactos con clientes recomendados por terceros, es decir, colegas, coordinadores de proyectos, clientes y amigos. Hoy día, la mayoría de mis clientes son producto de esas relaciones personales. En términos de marketing contemporáneo, se diría que mi método es el de la araña, es decir que atraigo a los posibles clientes, en lugar de salir a buscarlos (lo cual sería el método del tigre).

  1. ¿Qué cantidad de palabras traduce por día y cómo aborda un trabajo de más de 10.000 palabras?

Por lo general, produzco un promedio diario de 2.500 palabras traducidas o 7.000 revisadas (con el recuento de palabras basado en el documento original). Ese volumen varía con la complejidad del texto. Si me asignan una traducción de 10.000 palabras o más, evalúo primero los detalles (dificultad de la terminología, etc.) y luego lo distribuyo en un calendario de trabajo que me permita aportarle una considerable cantidad de palabras por jornada y, a su vez, que me deje algo de tiempo para trabajar a diario en proyectos de menor volumen para otros clientes. Naturalmente, todo eso está sujeto al plazo de entrega que requiere el cliente, lo cual se negocia antes de comenzar la producción.

  1. ¿Cómo presupuesta sus traducciones?

Por lo general, a una tarifa “x” por palabra (según el recuento en el original), conforme a la oferta y demanda en el mercado. Hay empresas que exigen trabajar con memorias ya existentes. De modo que —una vez acordada una tarifa base— la empresa misma calcula el costo, lo cual incluye cierto régimen de descuento por segmentos repetidos (palabras, frases u oraciones). En ese caso, el “análisis presupuestario” del texto a traducir es algo que puede hacer el traductor o el coordinador de proyectos mediante un programa de traducción asistido por computadora.

Así concluyó el intercambio de preguntas y respuestas. Y, naturalmente, mis respuestas me recordaron cuánto ha cambiado la realidad laboral para el traductor técnico-científico, desde la transición entre mi lejana vida como estudiante y mi actual vida como profesional. Cuando recibí mi diploma, observé a otros que me habían precedido y comenzaban a abrirse camino como traductores en mi región. Algunos apenas lograban empleo como administrativos bilingües para empresas internacionales, otros gravitaban hacia la docencia porque escaseaba el trabajo de traducción… Algunos, como yo, sobrevivían con un empleo sin pasión ni futuro —pero que ayudaba a pagar el alquiler— y ejercían la traducción como un pasatiempo ocasional y remunerado, aprovechando toda oportunidad para relacionarse con clientes potenciales.

Hoy día, no me cabe duda de que, a escala mundial, el traductor técnico-científico cumple un rol mucho más protagónico en el escenario social, económico y político. Vivimos en un mundo empequeñecido por la ciencia, el intercambio, los viajes internacionales, la migración y grandes cambios sociales. Es un mundo donde la comunicación transcultural resulta crítica. Es un mundo donde el traductor técnico-científico recurre a la tecnología para mejorar la calidad y el volumen de su producción.

Algunos perciben como una amenaza el avance de la tecnología en nuestro sector (es decir, la traducción automática o semiautomática). Sin embargo, tal avance no sería posible sin la contribución de traductores de carne y hueso. Además, como nunca en la historia, la humanidad sigue generando un creciente volumen de información. Mucha de esa información siempre necesitará trascender las barreras lingüísticas. Y, si bien es lógico pensar que seguirán cambiando las oportunidades, las maneras de relacionarse y la forma de trabajar, es gratificante reconocer que, en el futuro previsible, hay espacio para un rol esencial, el del traductor técnico-científico.

Nota: El autor agradece sinceramente a las colegas Gabriela Wolochwianski y Lilian Van Vranken por ayudarlo a afinar sus respuestas y reflexiones.

[1] En concreto, (1) el dominio de la lengua extranjera tiene que estar al nivel que suele certificarse formalmente donde esa lengua es el idioma oficial (ej., Certificate of Proficiency in English); no me refiero a tener un certificado específico sino a demostrar ese dominio en una evaluación eliminatoria; (2) en cuanto al español (gramática, ortografía, redacción, estilística, etc.), sí aplica el desempeño académico en la secundaria y también se somete a evaluación eliminatoria.

[2] Corrector: Admito que, como calco del inglés, es muy común decir editor. Hay quienes consideran que debe decirse revisor. Sin ánimo de debatir sobre el término adecuado para describir esa función, me refiero simplemente al profesional que examina en detalle una traducción para cumplir un control de calidad al abordar errores, omisiones, estilo, etc.

Guillermo “Willy” Martinez es un traductor técnico-científico y literario argentino, radicado en la Ciudad de Rosario (Santa Fe), Argentina. Durante los años ochenta, fue uno de los impulsores originales del actual Colegio de Traductores de la Provincia de Santa Fe, que lo reconoció como socio honorario en 2011. Se ha dedicado al ejercicio de la profesión a tiempo completo desde 1993. Está afiliado a la American Translators Association desde 1995 y obtuvo la certificación en “inglés-español” en 1996.