Leandro Wolfson

Introducción

A partir de 1995 actué como revisor en talleres a distancia de perfeccionamiento para traductores que fueron organizados, hasta el año 2014 inclusive, por Translators’ and Interpreters’ Practice Laboratory (abreviadamente TIP-Lab), una entidad de Evanston, Illinois, bajo la conducción de Alicia Marshall.

Participaban en cada taller entre quince y veinte personas, la mayoría de ellas residentes en Estados Unidos, aunque de muy diversa nacionalidad: aproximadamente 20% eran norteamericanos y 80% latinoamericanos que vivían desde hacía muchos años en ese país.

Estos talleres, de cuatro meses de duración, consistían en la revisión de un texto traducido por mes. Aunque a sugerencia de los propios participantes o por iniciativa de los organizadores se introdujeron unos pocos cambios en los talleres a lo largo del tiempo, sus características se mantuvieron en esencia iguales desde su inicio.

Los cuatro textos elegidos cada año fueron siempre de tipo general (no técnicos ni especializados en ninguna rama de la ciencia), en su mayoría periodísticos, de un nivel de dificultad intermedio a avanzado, y una extensión de 600 a 800 palabras. La revisión de los trabajos individuales era acompañada de unas “Notas generales” en las que se resumían las principales dificultades que el revisor había observado en las traducciones de ese mes.

Al cumplirse el décimo aniversario de este curso, me pareció oportuno hacer un repaso de esas “Notas generales” para señalar algunas de las dificultades de traducción más reiteradas que se apreciaron a lo largo de estos talleres. Por supuesto, al decir “dificultades más reiteradas” no quiero significar que todos los participantes las tuvieran, pero sí un número importante de ellos. Escribí entonces un artículo titulado “Diez años de un curso de revisión a distancia: los problemas de traducción más frecuentes”.[1] En ese momento, por motivos de espacio, me limité a señalar cuatro de esos problemas: 1) el empleo de anglicismos innecesarios, con la consecuente pérdida gradual del rico vocabulario de la lengua castellana; 2) el desconocimiento de la diferencia sistémica que existe entre el inglés y el castellano en lo tocante a la repetición y la redundancia, que origina muy a menudo traducciones literalmente correctas pero poco aceptables para el público de habla castellana; 3) las dificultades que genera la intertextualidad, o sea, la referencia no explicitada, sino tácita, a otros textos; y 4) el fenomenal problema de los regionalismos, derivados de las variantes léxicas del castellano vigentes en los distintos países, problema este que no siempre tiene solución.

Como ya dije, este taller se ofreció, bajo la organización de TIP-Lab, todos los años hasta 2014, fecha en que esa entidad dejó de existir. Hubo incluso varios años (en el período 2005-2010) en los que el taller se hizo dos veces por año, una en cada semestre. En 2015, el grupo de traductores llamado Albuquerque Translation Group retomó la posta con la coordinación de Claudia Ross. Este año se cumplieron, pues, veinte desde que se diera el taller por primera vez.

A modo de celebración de la continuidad de esta experiencia, quise escribir este segundo artículo, para el cual seleccioné los siguientes temas: 1) las adaptaciones; 2) los casos de doble interpretación; 3) los juegos de palabras; 4) el uso de las notas del traductor.

 

1. Adaptaciones

Cada traducción implica una particular situación comunicativa, y un mismo texto no se traduce igual en situaciones diferentes.

Muy a menudo los textos contienen palabras y frases que son propias de la cultura a la que pertenece el autor y no tienen una equivalencia en la cultura del traductor; este puede optar por mantenerlas literalmente o por adaptarlas, con una versión más general. Cuando el texto alude a un problema universal, su sentido no cambia sino que, por el contrario, se realza si para ciertas referencias locales se da algún equivalente que el lector pueda reconocer como parte de su realidad inmediata. Daremos algunos ejemplos con textos empleados en los talleres y, en algunos casos, también mencionaremos las soluciones de los colegas.


Texto original:
Pico Iyer, “Caution: Road Hazards” (Time)

El artículo versaba sobre los viajes en la época contemporánea, en particular los viajes en avión, y la forma en que han cambiado nuestra vida.

Cuando se concibe la traducción en el marco de la situación comunicativa, muchas palabras en sí mismas inocentes pueden plantear dificultades. En este caso, ocurre con la palabra winter.

Tonight we can fly into the depths of winter”, dice el autor, luego de comentar que un vuelo puede llevarnos del siglo XXI al siglo XIII (en el que vive otra cultura) en pocas horas. Es evidente que habla desde el verano y nos dice que “en el lapso de una noche podemos sumirnos en pleno invierno”. Claro, el artículo de Time fue publicado en junio, en el verano estadounidense.

Si el lector hispanoamericano no conoce este dato, no comprenderá lo que se le está diciendo.

Algunos colegas advirtieron el problema y sugirieron traducir winter por “verano”, pero esto, diría un paisano argentino, es cambiar de montura sin cambiar de caballo. El texto puede ser traducido para cualquier lugar de habla hispana y en cualquier estación del año —la consigna no lo aclaraba—. Se requiere una adaptación lo bastante general como para servir en cualquier país y clima. Por ejemplo:

“en el lapso de una noche podemos pasar de pleno verano a pleno invierno”.


Texto original:
Anónimo, “Crime and Punishment” (The Economist)

El cronista envió la nota desde Indianápolis, EE. UU., y sintetizaba las condiciones en que transcurría la vida de los presos en la cárcel de esa ciudad y la de los habitantes de uno de sus barrios más pobres, Haughville, célebre por sus altas tasas delictivas. Pese a que había sido escrita en 1995, la nota tenía perfecta actualidad no solo en esa localidad norteamericana sino en muchas otras del mundo, motivo por el cual elegí este texto para traducirlo muchos años después de publicado.

En ese momento, el presidente norteamericano era Bill Clinton. En un discurso pronunciado por entonces, aludió a los delincuentes que poblaban o atiborraban las cárceles del país, muchos de los cuales provenían del mundo del narcotráfico. (El tema nos resulta conocido, ¿no?) Al referirse a esos malvivientes, Clinton afirmó que lanzaría una campaña contra los vendedores o traficantes de drogas, y recurrió a una metáfora del deporte nacional por excelencia: el béisbol. No toleraría que insistieran en sus prácticas ilegales: ‘One strike and you’re out,’ thundered the president —anota el cronista—. But Haughville’s dealers stand at the plate indefinitely, hitting foul ball after foul.”

Hay algunos países latinoamericanos, principalmente Cuba y Venezuela, donde el béisbol también tiene difusión nacional, pero en los demás fue claramente desplazado por el fútbol de origen inglés. Y muchos lectores latinoamericanos no tienen siquiera conocimientos básicos de aquel deporte.

Personalmente, yo no podría entender una traducción deportivamente perfecta de este fragmento. Soy ignorante de todo lo vinculado con el béisbol y la metáfora de Clinton me deja en ayunas.

Pienso que puede haber muchas otras personas con parecida ignorancia. En estos casos, creo que hay que ponerse en el lugar del público lector y ver cuándo y cómo es necesaria una adaptación —que es una técnica de traducción entre muchas otras—.

Después de todo, Clinton usó el béisbol como instrumento para transmitir el sentido de lo que quería decir: en definitiva, hizo lo mismo que hacemos nosotros cuando usamos las palabras de la lengua de destino al traducir. Se trata, entonces, de recuperar el sentido, sacar del medio el molesto instrumento, y volcar aquel en moldes más generales, comprensibles por todos:

“Una falta más y quedan fuera del juego” […] pero los traficantes siguen en su lugar indefinidamente, cometiendo falta tras falta.

Algunos objetarán que Clinton usó esa metáfora y no otra, y que generalizar lo que dijo es traicionarlo. En efecto, hay determinadas situaciones comunicativas (v. gr., si el texto va dirigido al público cubano o venezolano) en que yo elegiría la traducción literal, y otras (v. gr., si el canal en que se publica permite poner notas al pie) en que también lo haría, pero con una aclaración para legos o ignorantes del béisbol como yo. Ahora bien: si esto no se aclara en el encargo de traducción o en la consigna, prefiero generalizar antes que ser tan específico que me entiendan pocos.


Texto original:
Michael Jaffe, “Our Hearts Break Too: His Point of View” (Cosmopolitan, 2005)

Publicada en una revista destinada al público femenino, en esta nota se resaltaba el caso de los hombres abandonados o desdeñados por su novia o amante, y las “penas del corazón” que sufrían —también ellos— en una situación así. Pintaba la dolorosa situación anímica en que quedó el autor-protagonista luego de una de estas rupturas, y en un momento decía:

In a daze, broken-hearted, I slid into a bathtub filled with scalding water and closed my eyes, letting my mind drift from one memory to another [of her former girlfriend]

Una traducción típica rezaba:

Confundido, con el corazón destrozado, me deslicé en una bañera llena de agua muy caliente, cerré los ojos y dejé que mi mente vagara de uno a otro recuerdo de ella…

Quedaba claro que el propósito de esta acción era reconfortarse con algo placentero para mitigar el mal de amores. Por ejemplo, un buen baño de inmersión. En tales circunstancias, es obvio que la temperatura del agua de la bañera variará según la región y la época. La solución elegida podría resultar oportuna en países o estaciones de intenso frío y absurda en otros.A veces, además de adaptar, conviene generalizar, o sea, tratar de encontrar una solución donde no intervengan elementos regionales o estacionales. Una solución de este tipo podría ser:

“me metí en la ducha y bajo el chorro de agua…”
“tomé un baño de inmersión y mientras estaba allí…”


2. Doble
interpretación


Texto original:
Anónimo, “Learning to Live with the Computer”

Artículo de carácter histórico, publicado en una compilación de lecturas breves sobre los efectos de la ciencia y la tecnología en la vida contemporánea. Analizaba los efectos de la introducción de la computadora en el personal de las oficinas.

En un momento se leía:

The personnel manager, who might be expected to have some understanding of employee motivation, is in many cases not even involved in the changeover.

La última cláusula puede entenderse de dos maneras, según la interpretación que se dé a not even involved, y tal es lo que sucedió con los participantes. Algunos pusieron: “El gerente de personal […] en muchos casos ni siquiera se involucra en el cambio”, en tanto que otros prefirieron “El gerente de personal […] en muchos casos ni siquiera es involucrado en el cambio”.No hay razones puramente gramaticales que nos indiquen la corrección de una de las fórmulas y la incorrección de la otra; sólo el contexto tiene la última palabra.

En la primera fórmula, el gerente de personal decide, por sí mismo, no participar en el proceso; en la segunda, la decisión la toman quienes están por encima de él en la jerarquía de la empresa (los dueños, el presidente, el gerente general) y no lo tienen en cuenta. Personalmente, no tengo dudas de que esta segunda opción es la válida, porque en ninguna empresa, ante un cambio de esta magnitud, puede admitirse que un subordinado haga lo que se le antoje. Tendrá que respetar las decisiones de sus superiores.

Por lo tanto, teniendo en cuenta los elementos contextuales, aquí hay una sola interpretación posible, y la otra debería descartarse por errónea.

No obstante, hay otras circunstancias en que dobles y hasta triples interpretaciones son perfectamente admisibles, en cuyo caso, si uno no tiene más elementos para decidir, conviene que opte por una solución ambigua, como

“El gerente de personal […] en muchos casos ni siquiera resulta involucrado en el cambio”

“El gerente de personal […] en muchos casos ni siquiera participa/interviene en el cambio”.

En la primera de estas dos soluciones, el mero pasaje de “es involucrado” a “resulta involucrado” permite disimular que uno no tiene la certeza sobre la versión correcta; en la segunda, “ni siquiera participa/interviene” es igualmente ambigua y permite ambas interpretaciones.

 

Texto original: Terence Blacker, “How I Don’t Write”

Publicado en la revista The Author. Journal of the Society of Authors, de Londres, en 1998, era un artículo humorístico, que detallaba innumerables procedimientos a los que recurre un escritor para no escribir: una especie de manual para principiantes que, en lugar de dar consejos sobre “cómo escribir”, los daba sobre “cómo no escribir”. El carácter absurdo de este propósito y de todos los mecanismos empleados para lograrlo era en sí mismo gracioso.

Comenzaba diciendo:

In response to the many successful author-based columns – ‘My Favourite Character in Fiction’, ‘Me and My Editor’, ‘How I Write’ and so on – I have been asked to…

y a continuación venían los consejos. El problema se centraba en el sintagma successful author-based columns

Como veremos, también este es un caso típico de polisemia, vale decir, de varios significados posibles. La interpretación del significado tiene que ver en parte con elementos lingüísticos y en parte con elementos extralingüísticos.

La mayoría de las traducciones recibidas se ajustaban a uno u otro de estos dos modelos:

a) columnas de autores exitosos

b) columnas exitosas de autores

Elementos puramente lingüísticos llevan a descartar la primera posibilidad, que corresponde a otra estructura inglesa (columns based on successful authors). El resto de la interpretación de la frase depende de lo que se entienda aquí por author y por based. Nótese que no dice writer ni, mucho menos, literary writer, que sería el equivalente inglés de “escritor”, entendido como individuo que se dedica principal o profesionalmente a escribir; que se gana la vida con ello o que tiene la literatura como actividad preponderante. Esto me lleva a descartar soluciones como

c) exitosas columnas basadas en escritores

Las columnas hablarán de/sobre personas que han escrito, aunque no sean necesariamente escritores: esto es, hablarán de/sobre autores. Ahora bien: ¿qué puede querer decir esta otra variante?:

d) exitosas columnas escritas por el autor

Todos los textos son escritos por el autor del texto; por lo tanto, esta versión es tautológica, y podría reducirse perfectamente a “exitosas columnas”.

Sería legítimo pensar que por author se entiende en este texto cualquier autor que firma la nota, a diferencia de las notas no firmadas que suelen ser mayoritarias en los periódicos y revistas. Esto avalaría las dos versiones siguientes:

e) exitosas columnas de autor

f) exitosas columnas firmadas

Sin embargo, sospecho —y esta sospecha es extralingüística—, sobre todo por los tres títulos que siguen como ejemplos (‘My Favourite Character in Fiction’, ‘Me and My Editor’, ‘How I Write’), que lo que se ha querido decir no es eso, sino (menciono versiones de los colegas):

g) exitosas columnas basadas en la experiencia/la historia personal de los autores

h) exitosas columnas de diversos autores basadas en su experiencia como tales

i) exitosas columnas escritas desde el punto de vista de los autores

j) el éxito que han tenido muchas columnas que se ocupan de la actividad de los autores


Texto original:
James Kaplan, Mick Jagger Is Still Ready To Party”

Se trata de una entrevista a Mick Jagger realizada por el autor y publicada el 30 de marzo de 2008 en la revista Parade. Al presentar al músico, el cronista decía:

Just as Jagger’s body is astonishingly lithe, so is his personality: funny, curious, thoughtful and thoroughly spontaneous.

¿Que podría significar thoughtful en este contexto?

Este término tiene dos vertientes de significación distintas, en una de las cuales sería equivalente a pensive y en la otra a considerate. En la primera vertiente, es traducible como “pensativo”, “reflexivo” o “meditabundo”; en la segunda, como “considerado”, “atento”, “amable”. De hecho, los colegas lo tradujeron en uno u otro de estos sentidos.

Son significaciones tan diferentes que es difícil que ambas estén bien, pero ¿cómo saber qué quiso poner el autor? Estos problemas de doble interpretación posible son desesperantes, ya que solo preguntándole a este podrían tener respuesta.

La única salida parece ser una expresión ambivalente que permita entender cualquiera de las dos cosas; por ejemplo:

  • cuidadoso al expresarse
  • atento a lo que le dice su interlocutor
  • serio y respetuoso
No digo que sea esta la solución ideal, sino un subterfugio para salir del aprieto. La otra posibilidad es jugarse por una de las dos vertientes, como en la ruleta por el colorado o el negro. ¡Pero ojo con el cero!

 

3. Juegos de palabras


Texto original:
A Site for Soreheads” (Business Week)

Este artículo se publicó en la sección “Information Technology” de la revista mencionada. Se refería a los hate sites o sitios web en los que se da cabida a las críticas que muchas personas desean manifestar sobre la conducta de algunas empresas.

El título del artículo tenía, por decirlo así, una traducción “manifiesta” y otra “oculta”. En la primera, los colegas no tuvieron mayores dificultades: “Un sitio para…” seguido del correspondiente adjetivo. Con respecto a este hubo una gran variedad de buenas soluciones: “amargados”, “gruñones”, “resentidos”, “quejosos”, “cascarrabias”, “inconformes”, “disgustados”, “despechados”.

Pero, además, hay una gran semejanza fónica entre el título y la frase a sight for sore eyes. Veamos qué dicen algunos diccionarios para esta última:

  • someone or something whose appearance on the scene is cause for relief or gladness. (Random House Webster’s)
  • it was a sight for sore eyes: daba gusto verlo (Oxford Spanish Dictionary)

O sea, la frase se usa para indicar cosas o personas que “da gusto ver”. La gran semejanza de esta frase, “oculta”, con el título permite descartar que haya sido una mera coincidencia. Por el contrario, debemos pensar que el título se eligió, precisamente, para poner de manifiesto este parentesco. La finalidad no puede ser otra que la ironía: los hate sites de que se ocupa la nota serían lo último que una empresa o compañía querría ver.

¿Hay forma de captar este juego de palabras en la traducción? Un procedimiento sencillo sería recurrir a una nota al pie. Más difícil es incorporar la ironía al título. Pocos colegas lo intentaron; he aquí sus versiones:

  • “Da gusto quejarse en Internet”
  • “Un placer para los descontentos”
Aun en la mejor de las traducciones del título, el hecho de no haber advertido esta segunda lectura posible vale como una omisión.

 

Texto original: Anónimo, “Pandemic obesity in Europe” (British Medical Journal)

Fue el artículo editorial de British Medical Journal en su edición del 17 de noviembre de 2006. Se refería a las medidas que estaban tomando en ese momento muchos países europeos para combatir la obesidad, considerada un serio problema médico. En el texto se habla de una “Carta contra la Obesidad” de la Organización Mundial de la Salud, donde se enumeran los distintos objetivos planteados a tal fin, y se los denomina “SMART objectives”; la sigla SMART deriva de las iniciales de specific, measurable, achievable, realistic y time-specific.

Pero además sabemos que smart significa “inteligente”, “sagaz”, “hábil”, y está clarísimo que quienquiera haya inventado esa sigla —o acrónimo, como sería más exacto llamarla— tuvo presente el juego de palabras: los objetivos SMART son objetivos “inteligentes”.

Consignaré las traducciones de algunos colegas y sus dificultades, despreocupándome en este caso de las pequeñas diferencias en la traducción de cada uno de los cinco objetivos.

Grupo 1

  • objetivos verdaderamente inteligentes: específicos, mensurables, alcanzables, realistas y con tiempos específicos

Grupo 2

  • objetivos SMART ([INTELIGENTES] por sus siglas en inglés: específicos, medibles, alcanzables, realistas y acotados en el tiempo
  • objetivos CLAROS (SMART, por sus siglas en inglés): específicos, cuantificables, alcanzables, realistas y con plazos determinados

Grupo 3

  • objetivos “SMART” (eSpecíficos, Medibles, Alcanzables, Realistas y limitados en el Tiempo)

Grupo 4

  • objetivos SMART (inteligentes), sigla en inglés que deriva de specific (específicos), measurable (mensurables), achievable (asequibles), realistic (razonables) y time-specific (explícitos en cuanto a su duración)

La versión del Grupo 1 hace caso omiso de que SMART es una sigla o acrónimo; comete lo que llamaremos “omisión de sigla”. Esta versión puede ser muy correcta, pero le sustrae al lector una información que a muchos podría resultarles interesante. Además de la omisión de sigla, comete otra: la “omisión del doble sentido”. Todo ocurre como si el autor de la nota no hubiera tenido en cuenta para nada el carácter de sigla de SMART y su doble significado.

Las versiones del Grupo 2 no solo reconocen que SMART es una sigla, sino que presentan la traducción (INTELIGENTES, CLAROS) como si también estas fueran siglas, siendo que en rigor no lo son en absoluto: no son las iniciales de otras palabras, ya se trate de las inglesas originales o de sus traducciones. Además, si bien estas versiones reconocen que SMART es una sigla, no dicen de dónde deriva, pues dan los nombres directamente en castellano. A la primera característica la llamaré “falla ortotipográfica”; a la segunda, “omisión del origen”.

La versión del Grupo 3 presenta asimismo una “falla ortotipográfica”, pero de muy distinta índole: ha derivado la sigla —sagazmente, debe reconocerse— no de las iniciales sino de otra letra de las cinco palabras; en tres casos, son las iniciales M, A y R, y en los otros dos, son letras intermedias (S y T). El problema de esta falla es que no contempla para nada la definición de sigla. En efecto, las siglas no pueden proceder de cualquier letra de sus palabras originarias, sino de sus iniciales, o, en ciertos casos, de distintos segmentos iniciales de varias palabras (como en Mercosur = Mercado Común del Sur).

La versión del Grupo 3 padece, además, de los defectos de omisión del origen y omisión del doble sentido.

La versión del Grupo 4 es una solución apropiada.


4. Notas del traductor

En algunos ejercicios de los talleres, cuando los textos presentaban referencias a figuras o lugares del mundo anglosajón, se pedía expresamente en la consigna que el texto se tradujera “agregando notas al pie donde lo estime necesario”. El propósito era que los participantes practicaran un poco el uso de esta importante herramienta, y también colegir cuáles eran las tendencias de los traductores en estas situaciones.

Hay textos, sobre todo los literarios, donde se evitan sistemáticamente las notas del traductor, porque distraen de la lectura de la trama. Y muchos editores prohíben usarlas. En una multitud de otros textos, en cambio, puede ser necesario utilizar notas al pie para aclarar diferencias entre la cultura a la que pertenece el texto original y aquella a la que va destinada la traducción. Muchas veces, incluir estas aclaraciones en el propio texto es imposible.

Las notas deben usarse para señalar diferencias culturales. Son la voz del traductor y es conveniente emplearlas para todo aquello que un autor no diría, o no podría decir. Deben ser lo más breves posibles, y apuntar a dar las explicaciones mínimas para comprender mejor la traducción, no a ampliar el tema tratado por el autor como si se tratase de un texto complementario —salvo, por supuesto, que el editor lo pida expresamente, por motivos didácticos u otros—. Esto último es lo que se hace en las llamadas “ediciones anotadas” o “comentadas” (por el propio traductor o por otra persona), pero es un caso distinto.

La función del traductor no es la misma que la del comentarista. El primero cumple su tarea si logra que el efecto que tiene el texto traducido en sus lectores sea lo más semejante posible al efecto que presumiblemente tuvo el original en los suyos. En tal caso, se habrá logrado consumar la principal finalidad de una traducción: su función comunicativa.

Los destinatarios del texto son esenciales. Para un público culto, ciertas notas pueden resultar muy redundantes, casi ofensivas; para un público poco culto, puede ser conveniente agregar la mayor cantidad posible de aclaraciones, que permitan comprender perfectamente el contexto y las personas, lugares u obras mencionadas.

No hay, pues, leyes generales. No obstante, a partir de los ejemplos de los colegas, podemos hacer algunas recomendaciones. Me basaré para ello en dos textos en los que había suficientes referencias culturales como para justificar el empleo de notas aclaratorias. La consigna pedía en ambos casos “agregar notas al pie donde se lo estime necesario”.


Textos originales:
Roger Rosenblat, “Faith and Science”; Anónimo, “In at the deep end”

El primero era un fragmento de un ensayo leído en la cadena estadounidense de TV pública PBS el 3 de agosto de 2005, en oportunidad de celebrarse el 80.º aniversario del juicio contra John Scopes por haber enseñado la teoría de la evolución en una escuela de Tennessee. Contenía referencias al juicio en sí y a sus principales protagonistas, así como a obras de Charles Darwin, Albert Russel Wallace y John Milton.

El efecto del texto de Rosenblat en los norteamericanos actuales que fueron su público directo no podría nunca ser el mismo que el efecto de su traducción simple y llana, sin ningún agregado, en los latinoamericanos actuales. Y esto más allá del nivel cultural. El juicio contra Scopes fue resonante; durante meses la prensa de todo el país tuvo los ojos puestos en Tennessee, en William J. Bryan y en Clarence Darrow. Además, se hizo una obra de teatro con ese tema y luego una película, ambas con el título Inherit the Wind (Heredarás el viento), en alusión a una frase bíblica. Por otro lado, Bryan no era un desconocido: fue secretario de Estado y candidato en tres oportunidades a la presidencia de la república; y Darrow era uno de los abogados más famosos de entonces.

El segundo texto a que aludo aquí describía la trayectoria del nadador británico Lewis Pugh y mencionaba a exploradores o descubridores anglosajones como Edmund Hillary, Ernest Shackleton y James Cook, así como a Nelson Mandela.

A continuación, resumiré las fallas formales más comunes en las que incurrieron algunos colegas al redactar las notas aclaratorias:

Extensión desmedida: Ya señalé que las notas cumplen un papel de complemento informativo de la traducción. Deben limitarse a ese objetivo, con la máxima brevedad posible. Si en el texto se menciona al alpinista neozelandés Sir Edmund Hillary, por ejemplo, no es cuestión de transcribir lo que dice sobre él una enciclopedia sino de resumir esa información para que el lector pueda comprender bien el texto sin recurrir a la enciclopedia. Después, si así lo desea, podrá consultar todas las enciclopedias que se ocupen del tema.

Extensión insuficiente: Notas demasiado breves, que prácticamente no agregan nada a lo dicho en el texto. Por ejemplo, en el caso de Hillary, no tiene sentido agregar una nota para poner simplemente “alpinista neozelandés”, frase que perfectamente puede agregarse al nombre en el texto principal. Tampoco se justifica explicitar en la nota una sigla (como SAS, Special Air Service, fuerza especial del ejército británico) cuando puede hacérselo en el cuerpo principal. Así consideradas, las notas del traductor resultan prácticamente inútiles y, encima, molestas.

Falta de uniformidad: En un texto en el que se menciona a exploradores o descubridores como Edmund Hillary, Ernest Shackleton y James Cook, todos ellos históricamente importantes, no hay motivos para ampliar en nota qué hizo uno de ellos, pero no los otros. O todos o nadie. Puedo entender que no se ponga una nota para Nelson Mandela, supongamos, figura contemporánea de gran notoriedad y que presumiblemente todos conocen; pero esos tres expedicionarios son anglosajones muy conocidos, quizá, por sus compatriotas pero que no necesariamente lo son para un natural de otro país.

Repetición de información: Abstenerse de repetir en la nota el nombre del personaje allí tratado. Si pongo “Shackleton * ”, ya el asterisco es suficiente para indicar que la nota hablará de Ernest Shackleton.

Información irrelevante: a) Al referirse a Ernest Shackleton, un colega puso en la nota: “FRS RN, KG, KBE”. O sea, los títulos o cargos que tuvo en Gran Bretaña a lo largo de su vida. Esto puede importarle a un británico, pero en absoluto le interesa a un lector hispanoamericano; por el contrario, lo más probable es que lo pase por alto, con lo cual no se cumple el propósito de la nota. b) También para Ernest Shackleton, se agrega, como lugar de nacimiento: “Middlesbrough, North Yorkshire”. Como antes, este dato a lo sumo podría importarle a un compatriota de Shackleton, pero no a un latinoamericano. Las fechas de nacimiento y muerte son lo único útil porque sitúan al lector en el período de que se trata, pero incluso de ellas podría prescindirse. Si el lector está verdaderamente interesado en la figura en cuestión, tendrá amplísima información en otras partes.

Llamadas de notas y leyenda “(N. del T.)”: Cada nota debe ser señalada en el texto con una llamada de nota que la identifique. Para ello es bueno usar asteriscos si el autor del texto original añadió notas con números arábigos. Sin embargo, si hay varias notas del traductor y todas caen al pie de una misma página, el uso de cuatro, cinco o más asteriscos puede ser engorroso; de ahí que se sugiera usar letras “voladas”, como esta a o esta b. Habitualmente se incluye al final de la nota la leyenda clásica “(N. del T.)” o “(N. de la T.)”, que no debe faltar, so pena de que se confundan las notas del autor con las del traductor.

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[1] Se publicó en inglés con el título “A Ten-Year Retrospective on a Distance Revision Course: Most Frequent Translation Problems”, ATA Chronicle, noviembre-diciembre de 2004 (Parte I) y enero de 2005 (Parte II). La versión castellana original se publicó en mi libro El placer de traducir: experiencias y reflexiones de un traductor profesional (Buenos Aires: Torre de Papel, 2005).

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Resumen

Desde 1995 el autor ha actuado como revisor en talleres a distancia para traductores radicados en Estados Unidos y otros países. Al cumplirse diez años de esa experiencia, en 2005, publicó un artículo donde señaló algunos de los problemas de traducción más frecuentes que había advertido en ese lapso. En esa ocasión se ocupó de estos cuatro problemas: 1) el empleo de anglicismos innecesarios; 2) la diferencia sistémica que existe entre el inglés y el castellano en lo tocante a la repetición y la la redundancia; 3) las dificultades que genera la intertextualidad; y 4) los regionalismos. Diez años después, complementa dicho artículo con este otro, en el que enfoca otros cuatro problemas muy frecuentes: 1) las adaptaciones; 2) los casos de doble interpretación; 3) los juegos de palabras; 4) el uso de las notas del traductor.

Foto LeandroLeandro Wolfson es un traductor científico y literario argentino. Tradujo más de 220 libros y gran cantidad de artículos para revistas científicas, principalmente en el campo de las ciencias sociales, la psicología y el psicoanálisis. Desde 1995 ha actuado como revisor en talleres a distancia para traductores radicados en Estados Unidos y otros países. Es autor del libro El placer de traducir: experiencias y reflexiones de un traductor profesional (2005).

[Editora de este artículo para Intercambios Online: Claudia Ross]

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