La importancia de la corrección al producir un texto
por Amira Plascencia Vela

La corrección es un proceso que no siempre le queda claro al cliente cuando ofrecemos nuestros servicios, por lo que aquí se describirá una manera de explicarlo.

Al transmitir un mensaje, el traductor tiene muchas tareas, a saber: leer, seleccionar palabras, construir frases, tomar decisiones en cuanto a léxico, gramática, sintaxis, etc., adaptar los mensajes de acuerdo con un contexto cultural, redactar y, por supuesto, corregir.

La corrección, aplicada a los textos propios y a los de otros colegas es fundamental, ya que con ella redondeamos un texto y, sobre todo, como especialistas, nos otorgamos un espacio para reformular nuestras ideas, nuestras decisiones.

Ahora bien, la corrección se da a diferentes niveles, y las agencias y equipos de traductores y correctores tienen sus propias formas de abordar esta labor una vez que se considera finalizado el proceso de traducción. No obstante los clientes, sobre todo los nuevos, no siempre saben lo que está detrás de la producción de un texto y se desconciertan cuando se les presenta un presupuesto para «solo pasar un mensaje de una lengua a otra». Precisamente de eso es de lo que se hablará en este artículo, de los diferentes niveles de corrección y su impacto en nuestro trabajo diario.

En mis años de profesión, he podido observar que se considera al trabajo de corrección «el patito feo» dentro del proceso de producción textual, ya que no solamente se requiere revisar el texto de principio a fin y dar los toques finales para pulirlo, sino también  indagar en las mentes del productor y receptor de dicho texto (preguntarse, por ejemplo: ¿por qué se escribió esto aquí?, ¿qué se interpreta acá?, ¿cómo podemos decir esto de otra forma?). Por lo tanto, traducir y corregir son procesos distintos que, a su vez, necesitan abordarse de maneras diferentes al momento de vender nuestros servicios. Hay que agregar que un traductor puede ser un buen corrector, y viceversa; pero normalmente se necesita de un equipo mínimo de dos personas para traducir y corregir.

Habiendo dicho esto, hay que pensar que, generalmente, al cliente le interesa el texto final, y no es su labor preguntar qué se requiere para que un mensaje se entienda en otra lengua (a menos que se trate de una editorial, una empresa de comunicación especializada o una agencia de traducción con procesos ya específicos). Nos toca a nosotros, los profesionales, explicarle al cliente lo que pasa cuando recibimos un texto, y preguntarle qué desea que suceda con el mensaje que se ha de transmitir. Para hacerlo de forma más sencilla, se puede crear una hoja de servicios donde se incluyan los distintos procesos por los que pasa un texto (puede variar, dependiendo de la capacidad de la agencia o del equipo de traductores/correctores en cuestión):

a) Traducción y corrección básica: errores «de dedo», gramática, sintaxis, etc. Es decir,
revisión y corrección de los elementos básicos que hagan del texto algo legible y
comprensible.

b) Traducción, corrección básica y de estilo (primera fase): se incluye lo anterior, pero también
una adaptación de la forma del texto. Aquí podemos pensar, por ejemplo, en la extensión
textual en cuanto al espacio que se va ocupar: ¿se necesita economizar y usar
menos palabras para expresar el sentido del original? También podría pensarse en
una adaptación del original para un tipo de público en específico: ¿a quién va dirigido el
texto?, ¿cuál es el nivel de lectura de este tipo de público?

c) Traducción, corrección básica y de estilo (primera y segunda fases): la segunda fase de
corrección de estilo es muy común cuando se trata de mensajes publicitarios (slogans) o de
frases u oraciones que requieran de fuertes cambios idiomáticos para que tengan sentido
dentro de una comunidad específica. En inglés, a esta fase se le llama transcreation, y como
la misma palabra lo apunta, se requiere volver a crear el mensaje original. En sí, es más
que una corrección de estilo pero, para visualizarlo de manera más sencilla, se puede incluir
como una etapa más de la estilística.

d) Traducción, corrección básica y de estilo (primera y segunda fases), revisión de prueba
impresa (en caso de manuales o libros, equivaldría a la prueba de galeras): en la prueba
impresa ya no deberían incluirse cambios. No obstante, sí hay que confirmar que el trabajo
realizado con anterioridad se vea reflejado en esta prueba. Asimismo hay que asegurarse
de que no haya cambios de último minuto no autorizados por el cliente o por el coordinador
del proyecto.

e) Ronda de preguntas y respuestas con el cliente: esta fase es opcional y se puede
implementar en cualquiera de las opciones anteriores. De igual manera, puede ofrecerse sin
costo alguno como una atención hacia el cliente.

La hoja de servicios sirve para aclarar y facilitar las decisiones del cliente y, naturalmente, en ella también deben incluirse los precios de cada servicio, lo cual varía según la región en la cual se trabaje. Sin embargo, hay que pensar que la corrección que va más allá de lo básico puede costar entre un 50% a un 70% de lo que se le paga al traductor original, y a la revisión de la prueba impresa hay que asignarle, aproximadamente, un 10% o 12% del precio total del trabajo. Para calcular los costos y tener un margen de ganancia, hay que pensar bien en los siguientes factores: la distribución porcentual; la existencia previa de memorias de traducción (en caso de clientes ya existentes); el tipo de servicio que se está ofreciendo; el número de personas que participarán en el proyecto (y, también, cuál será su papel dentro del equipo de producción); y, claro está, la fecha final de entrega. Esta es la regla básica de todo equipo de producción textual: No deberíamos aceptar un trabajo si no contamos con los elementos necesarios para realizarlo bien y entregarlo a tiempo.

Como se puede observar, la corrección tiene varios matices, y todos ellos son de importancia, por lo que debemos considerarlos seriamente cuando establezcamos nuestra cartera de servicios.

Biografía:
Amira Plascencia Vela tiene un doctorado en Letras y Lengua Española. Es profesora de Español como Lengua Extranjera y también se dedica a la traducción, corrección y edición de textos en las áreas de humanidades, ciencias sociales y mercadotecnia.

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